domingo, febrero 22, 2015

Falsa Memoria | Dean Koontz


 Aquel martes de enero en que su vida cambió para siempre, Martine Rhodes despertó con dolor de cabeza, sintió ardor de estómago nada más tomarse un par de aspirinas con un vaso de zumo de uva, le garantizó una jornada épica a su pelo al usar el champú de Dusty por descuido, se rompió una uña, dejó que se le quemara la tostada, descubrió un ejército de hormigas en el armario de debajo del fregadero, exterminó la plaga rociándola con un espray insecticida con no menos saña que Sigourney Weaver tirando de lanzallamas en una vieja película de bichos extraterrestres, limpió la hecatombe resultante con papel de cocina, tarareó el réquiem de Mozart mientras inhumaba solemnemente los diminutos cadáveres en el cubo de la basura y recibió una llamada telefónica de su madre, Sabrina, que seguía rezando por el fracaso del matrimonio de su hija tres años después de la boda. A pesar de todo, Martie siguió encarando con buen ánimo -con entusiasmo, casi- el día que tenía por delante, porque había heredado de su difunto padre, Robert Woodhouse, alias Bob El Risueño, un carácter optimista, una formidable capacidad para afrontar los problemas y un profundo amor a la vida, además de ojos azules, pelo azabache y unos dedos de los pies francamente feos.
 "Gracias, papá".

 Tras convencer a su recalcitrante madre de que entre el matrimonio Rhodes seguía reinando la armonía, Martie se puso una chaqueta de piel y, como todas las mañanas, sacó a pasear a Valet, su golden retriever. Paso a paso, el dolor de cabeza le fue desapareciendo.
El sol afilaba escalpelos de luz en la piedra amoladera del límpido cielo oriental. Por occidente, sin embargo, una fresca brisa marera empujaba hacia la costa siniestras masas de nubes oscuras.

 El perro miró al cielo con preocupación, husmeó el aire recelosamente e irguió sus largas orejas al oír el ruidoso siseo de las hojas de las palmeras agitadas por el viento. El animal sabía perfectamente que se avecinaba tormenta.


Cuando te recomiendan un libro corres un riesgo bastante grande y si el libro además es de 667 páginas, la lectura se puede convertir en algo muy farragoso. Es lo que me ha ocurrido con Falsa Memoria. En un principio era la típica novela negra hueca con mucha paja y poco contenido, pero mientras iba avanzando se convirtió en una tarea insufrible.

2 comentarios:

MaraJss dijo...

Dean Koontz es un tipo capaz de lo mejor y de lo peor. Hace unos años leí bastantes títulos suyos y aunque muchos me gustaron, algunos también fueron insufribles. Este en particular no lo he leído y visto lo visto, no creo que lo haga.
Besos.

Mork dijo...

Hola Mara, yo es el primero que leo y creo que el último. Me habían dicho que era muy bueno pero visto lo visto… saludos