El hombre tardó demasiado en morir.
Se debatió y gritó y se estremeció entre los brazos de la chica, y al final suplicó misericordia, aferrado a ella, con la voz húmeda y temblorosa, ahogada, llena de miedo. Pero él era un simple sacerdote. Ella era menuda, apenas una niña, y el hombre estaba débil, y el cuchillo no pesaba demasiado.
Una vez hecho, la cría se acuclilló junto a él con su sangre caliente entre los dedos, y aguardó a que lo abandonara lo que quedaba de su espíritu. El rojo se derramó en una mancha ocre sobre la tierra. Le sujetó la mano.
—No tengas miedo —le dijo—. Todo acabará pronto. No pasa nada.
Y, cuando terminó, dejó caer el cadáver.
Cuando acabó, alzó la vista y pareció recordar poco a poco dónde se encontraba. Escudriñó la oscuridad de la noche, la valla podrida, el camino tortuoso de adoquines y hierbajos. Vio unos peldaños al pie de una choza decrépita, tenebrosa, tan desvencijada que un fantasma la podría derribar. Allí, la mujer a la que llamaba hermana aguardaba como una estatua con ropa blanca de luto y la vista alzada hacia el cielo oscuro, encapotado. A sus pies, en pedazos rotos, yacían dos monjes muertos.
—Hermana. —La niña se dirigió hacia ella titubeante y le dio unos golpecitos en el brazo con el dedo—. Mira, hermana. —Señaló hacia arriba—. Los dioses están caminando, ¿ves?
—Sí —dijo la mujer. El rostro le brillaba blanco como el alabastro, pulido como la piedra—. Sí.
Tenía muchas expectativas puestas en El libro de las hojas caídas. La portada y la estética prometían una historia épica y absorbente, pero mi experiencia ha sido justo la contraria.
Apenas he conectado con la lectura. Aunque ocurren cosas constantemente, el libro nunca termina de engancharme y todo se siente demasiado plano, monótono y predecible. Además, tampoco he conseguido empatizar con los personajes, algo que para mí es fundamental en una historia.
Quizá el hecho de ser el primer libro de una trilogía haga que funcione más como una introducción para lo que vendrá después. Aun así, este inicio no me ha dejado con ganas de continuar.
Sinceramente, no creo que vuelva a darle una oportunidad a los próximos libros de A. S. Tamaki.















