miércoles, abril 29, 2015

El peso del corazón | Rosa Montero


Los humanos eran los lentos y pesados paquidermos, mientras que los replicantes eran rápidos y desesperados tigres, pensó Bruna Husky, consumida por la impaciencia de tener  que aguardar en la cola. Recordó una vez más aquella frase de un autor antiguo que un día citó su amigo el archivero: El ininterrumpido ir y venir del tigre ante los barrotes de su jaula para que no se le escape el único y brevísimo instante de la salvación. Bruna se la sabía de memoria porque le había impresionado: ella era ese tigre atrapado en la diminuta cárcel de su vida. Los humanos, con sus existencias larguísimas y sus vejeces interminables, solían glorificar pomposamente las ventajas del aprendizaje; incluso de las malas experiencias, sostenían, se podían sacar cosas. Pero Husky no podía perder el tiempo en esas tonterías; como todo androide, sólo vivía una década, de la cual le quedaban tres años, diez meses y vetiún días, y tenía la certeza de que había saberes que no merecía la pena saber. Por ejemplo ella hubiera podido vivir muy feliz sin conocer la cochambre de las Zonas Cero; pero aquí estaba, tras haber hecho un viaje inútil a la miseria.
¡Buenos días! Estás abandonando la Zona Cero. A partir de este punto, sólo personas con autorización vigente, por favor. ¡Muchas Gracias!


Tenía mucha curiosidad por este segundo libro de Husky, pero me he llevado una pequeña decepción. En el primer libro de la saga, lágrimas en la lluvia, la historia tenía su gracia pero en el peso del corazón; todo se ha derrumbado como un ligero castillo de naipes. Y que no me vengan con lo del peso de la vida y la oscuridad de la muerte, porque eso ya se trato en el primer libro. Y nos quedó bastante claro a todos. La verdad es que es una pena, porque no hay por donde cogerlo.