lunes, mayo 11, 2026

Amoniaco | Carlos Augusto Casas


Era un día tonto. Como todos. Completando una semana tonta. Un mes tonto. Un año tonto. Una vida tonta. 

Las sonrisas no viajan en metro. Son las ocho de la mañana. La hora de los decepcionados. Apoyada en uno de los laterales del vagón, intento deshacerme de la desagradable pesadez que la falta de sueño provoca en mi cuerpo. Estoy cansada. Siempre estoy cansada. Cansada de estar cansada. Bostezo mientras me entretengo contemplando al resto de los pasajeros. Inú­tiles y tristes como clavos torcidos tras recibir demasiados golpes. Errores con forma humana, como yo. Las miradas resignadas perdidas en las pantallas de sus teléfonos. Preguntándose por qué ellos no son felices como la gente que aparece en Instagram, por qué ellos no bailan como la gente que aparece en TikTok. La resignación es la única respuesta. Somos víctimas del gran engaño. La esperanza es una mentirosa compulsiva que nunca cumple sus promesas. Y aun así nos aferramos a ellas. Qué otra cosa podemos hacer. El autoengaño es el Prozac de los pobres. La existencia reducida a una larga espera. A la vana ilusión de que suceda algo que lo cambie todo. Aunque sepamos que mañana será igual que hoy, y que ayer, y que pasado mañana. Otro día tonto. Otra vida tonta como la mía. Nada pesa tanto como una vida vacía. 

La fregona abofetea el suelo del salón con parsimonia. La lengua de un amante hastiado que besa por rutina. Es curioso que limpiar casas ajenas aún me siga proporcionando placer. No es que me sienta realizada ni nada por el estilo, pero acabar con la suciedad, dejarlo todo reluciente, de alguna extraña forma me hace sentir que contribuyo a devolver el equilibrio a las cosas. Ayudo a que todo quede como siempre debería estar. Sé que se trata de un placer servil, como el perro que da la pata esperando una caricia que no llega, pero es un placer, al fin y al cabo. Y en mi vida los placeres no son algo común.



Este año hemos descubierto al escritor Carlos Augusto Casas y nos hemos convertido en auténticos fans de sus novelas. Siempre nos ha gustado la novela negra, pero este autor aporta algo diferente dentro del género: historias frescas y con un toque de humor que hace que la lectura sea todavía más entretenida. Sus libros únicamente tienen una pretensión: engancharte y hacerte disfrutar. Y lo consigue desde la primera página.



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