Desde el mes de julio del segundo curso de carrera hasta
enero del año siguiente, Tsukuru Tazaki vivió pensando en morir. Entretanto, cumplió veinte años, pero esa muesca en el
tiempo no significó nada para él. Durante esos meses, la idea de
acabar con su vida le parecía de lo más natural y legítima. Todavía ahora, mucho tiempo después, ignoraba la razón por la
que no había dado ese último paso, a pesar de que, en aquel
entonces, franquear el umbral que separaba
la vida de la muerte le habría resultado más fácil que tragarse un huevo crudo.
Si Tsukuru no llegó a consumar el suicidio fue quizá porque su fijación con la muerte era tan pura e intensa que el
modo en que podría suicidarse no se asociaba en su mente a
una imagen concreta. En su caso, la concreción era más bien un
aspecto secundario. De haber tenido a su alcance una puerta
que
condujese a la muerte, la habría
abierto sin titubear,
sin pensárselo dos veces, como una prolongación de su día a día, por así
decirlo. Pero, por fortuna o por
desgracia, no encontró
a mano
esa puerta.
Ahora, Tsukuru Tazaki se decía a menudo que tal vez hubiera sido mejor haber muerto entonces. Así, este mundo habría dejado de existir. La idea le seducía: este mundo no existiría y lo que él tenía por realidad ya no sería real. Del mismo
modo que para este mundo él ya no existiría, el mundo tampoco
existiría para él.
Hasta el día de hoy si salía un libro de Murakami tenía que leerlo; lo mismo me ocurría con Paul Auster. Pues después de leer, Los años de peregrinación del chico sin color, Haruki Murakami se irá al ricón del ostracismo igual que Auster. Se les ha terminado ese algo que tenían, que te alucinaba, te seducía, te entretenía, te enamoraba… Tiene que ser muy complicado fabricar las obras que estos autores crean, pero verles declinar en su trayectoría es un palo cuando en su momento fueron tus autores preferidos.
Una historia sobre la amistad, la felicidad, la soldedad, la madurez… Haruki repite hasta la saciedad la fórmula que le ha llevado al éxito mundial pero para nada esta obra se acerca a Tokio Blues, Sputnik mi Amor, After Dark, 1Q84, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Kafka en la orilla…
Si hubiese que definir este libro con una palabra; sería decepcionante. Si aún no lo has leído, ni se te ocurra, arriba mencionamos otras obras del autor que merecen mucho más la pena desde nuestro humilde punto de vista. ¿Estamos ante el final de la carrera de un genial y extraordinario escritor? el tiempo lo dirá. Pero tiene toda la pinta.